California pronto podría tener centros de inyección de heroína.

El estado de California pronto podría tener centros donde las personas adictas a la heroína puedan inyectarse sin correr riesgo de cargos penales.

La meta de la propuesta de ley AB 186, explican sus redactores, es reducir el número de muertes, siguiendo el ejemplo de un centro de inyección de heroína en Canadá.

En esa instalación, ubicada en la ciudad de Vancouver, la persona entra a la clínica gubernamental portando la heroína en su bolsillo. Un enfermero le pide lavarse las manos, antes de ofrecerle una jeringa limpia. La persona se sienta en una cabina esterilizada, se arremanga y se inyecta. La persona luego se traslada a una sala de relajamiento, donde puede tomar un café o jugo. Mientras está allí, el personal de la clínica la observa, manteniéndose al tanto de una posible sobredosis.

Si la AB 186 llegara a entrar en vigor, California se convertiría en el primer estado del país en permitir el consumo de drogas ilegales en sitios designados. Esto generaría un conflicto con las leyes federales, las cuales no solo prohíben las drogas ilícitas, sino también la compra y alquiler de inmuebles para su consumo.

La medida se propuso en respuesta a la ola de muertes por sobredosis que ha envuelto a todo el país. En Estados Unidos, las drogas matan a más personas que las armas y los choques automovilísticos. Tan solo en California, 4,571 personas murieron a causa de una sobredosis en 2015, lo cual representa un aumento de 33% en la última década.

“Tenemos una crisis de salud pública” enfatizó la asambleísta Susan Eggman, en entrevista con CalMatters.

Eggman, quien trabajó como consejera especializada en abuso de sustancias controladas, agregó que la adicción a las drogas se ha abordado como asunto de criminalidad, lo cual, a su juicio, ha fracasado.

La AB 186 permitiría que ocho condados—incluidos Alameda, Fresno, Humboldt, Los Ángeles, Mendocino, San Francisco, San Joaquín y Santa Cruz—aprueben programas de inyección de drogas. Las instalaciones tendrían que proporcionar jeringas a los usuarios y tener personal capacitado para administrar medicamento para prevenir la sobredosis. También se encargarían de conectar a las personas que quieran dejar de usar la droga con servicios de desintoxicación. Los usuarios tendrían que llevar su propia droga a las instalaciones, y no estarían sujetos a cargos penales por usarla dentro de la clínica.

Un informe publicado en el diario médico The Lancet indica que los casos de sobredosis disminuyeron por un 35% en el vecindario adyacente a la clínica de Vancouver, y por un 9% a lo largo de la ciudad.

Opositores de la propuesta alegan que estas clínicas se convertirían en imanes de delincuencia.

La medida ha sido aprobada por la Asamblea de California y ahora avanza al Senado.

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